Fascinar: 1600. Tom. del lat. fascinare “embrujar”, deriv. de fascinum “embrujo”. DERIV. Fascinación, h. 1440. Fascinador. Fascinante. J. Corominas. Breve diccionario etimológico de la Lengua Castellana.
Fascinate: 1598, “bewitch, enchant,” from M.Fr. fasciner, from L. fascinatus, pp. of fascinare “bewitch, enchant,” from fascinus “spell, witchcraft,” of uncertain origin. Possibly from Gk. baskanos “bewitcher, sorcerer,” with form influenced by L. fari “speak” (see fame). The Gk. word may be from a Thracian equivalent of Gk. phaskein “to say;” cf. also enchant, and Ger. besprechen “to charm,” from sprechen “to speak.” Earliest used of witches and of serpents, who were said to be able to cast a spell by a look that rendered one unable to move or resist. Sense of “delight, attract” is first recorded 1815. Online Etymology Dictionary.
Affascinàre: lat. FASCINÀRE da FÀSCINUM fascino (v. q. v.) prefissa la partic. AD a. Ammaliare propr. con magiche parole; ma poi anche con lo sguardo; metaf. Ab-bagliare, Accecare, Sedurre. Etimo.it.
¿Y qué es aquello que encanta o embruja? Fascinum tiene su origen en Fascinus, deidad protectora romana. Fascinus es la palabra romana que significa el falo, traducción latina del “phallos” griego. ¿Origen de las varitas mágicas?
Hace muchas lunas Ronin me contó que en la literatura puede haber épica porque conocemos el final de la historia. En la vida, sin embargo, desconocemos la casilla de llegada. La incertidumbre aniquila nuestro heroismo diario. Pero una lectura de lo que somos, de lo que hemos hecho puede ser épica si llegamos a amarnos lo suficiente a nosotros mismos (autoerotismo mental, no reñido con el físico). Quizá sea un subterfugio más, pero esa lectura puede darnos claves del camino o caminos futuros. En este sentido recomiendo el discurso / video connecting the dots o stay hungry, stay foolish del fundador de Apple, Steve Jobs. A los existencialistas en el fondo nos vale con lo que todo esto tiene de trágico = siniestro = bello, y apoyado en las coderas de mi chaqueta de pana, cierro con CAMUS, Albert. El Mito de Sísifo “…el hombre volverá finalmente a encontrar el vino de lo absurdo y el pan de la indiferencia con los que se nutre su grandeza”

La percepción es la misma desde hace días, estoy otra vez en el inicio del juego. En todos los juegos de mesa, parece que la casilla de salida es un lugar del que hay que “salir” cuanto antes y cuanto mas lejos mejor. Incluso en algunos se penaliza al jugador retornando al punto de partida.
Así me siento yo, pero no como una penalización o una perdida del valioso tiempo de juego, mientras mis compañeros- competidores avanzan casillas, lo valoro como un momento de definición de estrategia.
Es mas, diría que voluntariamente estoy aquí y que además me gusta, es la oportunidad de dirigir mis fichas con otros dados, con otra suerte…
El único problema es que no se muy bien que tirada me conviene para ganar puntos y llegar a mi destino, que no tiene porque ser la casilla de llegada idealizada por los demás, sino mi propia línea de meta.
También me resulta curioso no ser la única persona en este punto, recientemente personas de mi generación se hacen hueco por aquí, con inquietudes similares y las mismas preguntas sobre uno mismo, con un poco de vértigo por mirar hacia delante y tener tantas opciones.
¿La vida es un juego de azar o depende de nosotros? No lo se, pero mientras lo pienso tiro porque me toca… y tu, que haces?
Papá y mamá, en cambio, creen que me voy con mis amigos. Hablo siempre de ellos en general, no cito nombres; no son del colegio, ni mucho menos del instituto; son de la universidad. Estaban preocupados, entonces, papá y mamá, cuando iba a segundo de carrera, y me inventé que por fin había hecho amigos de verdad, ¡qué suerte! Papá me dijo, ves, ya lo sabía yo, si era cuestión de tiempo, y de dar con la gente adecuada, gente con la que conectaras. Y mamá sonreía y me hizo de cenar uno de mis platos favoritos. Se pusieron tan contentos que me sentí fatal. Al irme a la cama recuerdo que me había arrepentido ya de haberles mentido, pero un montón además, a pesar de que ellos se hubieran quedados más aliviados y, en cierto modo, yo también. Es increíble; dices tres o cuatro palabras para intentar que alguien se tranquilice y de pronto te sientes muchísimo más solo que antes de haberlas dicho; pero la culpa era mía, claro. Los viernes y los sábados salía y salgo con ellos, con mi divertidísimo grupo de amigos, eso les decía y les digo. Pero nunca he hablabo de nadie en particular, y misteriosamente nunca me ha llamado nadie ni al teléfono de casa ni al móvil. Con el tiempo, creo que les ha terminado por resultar más que evidente que esos amigos no existen; pero yo finjo y ellos fingen. Ellos supongo que por lástima. A papá, que siempre habla de la importancia de ser un hombre de palabra, y de una pieza, y un hombre valiente y capaz, y de vencer los obstáculos… y que se emociona siempre al final de “Los siete magníficos”, hasta se le salta alguna lagrimilla y todo, “¿Cómo me llamo?, decidlo. ¡Bernardo, Bernardo!”, o “Los del pueblo son los únicos que han ganado, nosotros no hemos ganado nada.”… A él le tiene que dar mucha pena; quizás le provoco vergüenza ajena; puede ser, no me extrañaría. En cuanto a mamá…; me cuesta muchísimo imaginar lo que puede pensar o sentir ella. Es tan comprensiva y tan dura y mal pensada al mismo tiempo. En cualquier caso, aunque no pregunten, saben que les oculto algo, y que no es precisamente el hecho de que en veinticinco años no he sido capaz de hacer un solo amigo. Y… supongo que yo, por mi parte, continuo fingiendo para no tener que confesarles la verdad, porque esa verdad…, bueno,… no sé cómo se la tomarían; ni siquiera sé cómo me la tomo yo.